Taller de Oración 2017

El Taller de Oración consiste en una experiencia eminentemente práctica que favorece el encuentro personal con Dios, por medio de los métodos de oración sugeridos en los Ejercicios de san Ignacio. Consiste en hablar cara a cara con Jesús, aprender a mirarle a los ojos, descubrirle en el silencio de tu interior. Propiciar, en resumen, una relación directa y profunda con el Señor, una amistad personal y duradera.

Tendrá lugar el próximo fin de semana del 4 y 5 de noviembre de 2017 en la residencia de los jesuitas en la C/. Ruiz Hernández, 10. Valladolid. (España).

Está dirigido a cualquier persona que desee descubrir por primera vez algunos métodos de oración personal. No es necesario tener experiencia previa de oración. También es muy útil para quien quiera mejorar la experiencia de oración que ya tenga.

Para recibir información o realizar la inscripción, puede ponerse en contacto mediante el correo: taller.oracion.valladolid@gmail.com

Si estás en Valladolid o cerca, te invitamos a vivir esta experiencia.

Esperamos vernos pronto.

Oración: Corazón que acoge


Con cierta frecuencia, la presencia más inmediata, mi primera misión y compromiso, es tan exigente y compleja que puede limitar mi perspectiva de la realidad, hacerme caer en la indiferencia  o la indolencia frente a mi prójimo.

Dedicarme a los hijos en la etapa de la crianza, al cuidado de los padres y mayores cuando comienzan a fallarles las fuerzas, desempeñar con honestidad el trabajo que realizo, ocuparme con coherencia en el estudio y la formación, cuidar a la comunidad a la que sirvo y en la que vivo, involucrarme con fe y compromiso en voluntariados y misiones, puede hacer que me olvide de otras realidades, que las vea como algo lejano, o que poco tiene que ver con lo mío.

En la oración de hoy se me invita a dejar que mi corazón y mi mirada sobre la realidad de la inmigración se acompase al latido de del corazón de Jesús, que mi manera de ver, se vaya graduando a la manera de Cristo.


"Cuando el extranjero habite con vosotros en vuestra tierra, no lo oprimiréis. Como a uno de vosotros trataréis al extranjero que habite entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Yo, Jehová, vuestro Dios”. (Lev 19, 33-34).



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Oración: El grano de mostaza



Seguramente muchas veces hemos oído hablar sobre el grano de mostaza, algo muy pequeño que se convierte en algo muy grande. Y lo hemos asemejado a cómo el Reino de Dios es algo muy pequeño pero cuando se va descubriendo y encarnando, se torna en algo inmenso.
Pues bien, hoy, nos detenemos a rezar con espíritu renovado la mostaza.


El reinado de Dios se parece a una semilla de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo. Es más pequeña que las demás semillas; pero, cuando crece es más alta que otras hortalizas; se hace un árbol, vienen las aves del cielo y anidan en sus ramas. (Mt. 13, 31-32).



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Oración: Liderar sirviendo

Un líder es una persona que transmite con su vida unos principios que animan a otras personas a seguirlos. Esto supone una gran responsabilidad dado el impacto que produce en la vida de los demás.
Sus decisiones, además, harán que el futuro de nuestro planeta y sus habitantes tome un rumbo u otro.
No es sencillo para el líder asumir y entender esa responsabilidad. En nuestro mundo podemos ver continuamente cómo la gente con poder se ha olvidado de usar ese poder para servir y, en cambio, se centra en perseguir su propio interés. Por ello es necesario, como tantas veces nos recuerda el Papa Francisco, rezar por un liderazgo desde el servicio.


Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y dijo: -¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis maestro y señor, y decís bien. Pues si yo, que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies. Os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo he hecho. Os aseguro que el esclavo no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía. Si lo sabéis y lo cumplís, seréis dichosos. (Jn. 13, 12-17).



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Oración: María; un sí que sabe a Reino

No siempre sé cómo encajar las cosas en mi vida. Algo parecido sucede en María. Contemplándola, puedo ver cómo se deja en manos de Dios y dice Sí. No necesita todas las explicaciones, sino que confía en Dios y se deja en sus manos.
Traigo ante ti, Señor, todas mis dudas, mis experiencias e intento dejar de lado las certezas a las que me agarro, y fiarme de ti sin buscar saberlo todo. 

Proclama mi alma la grandeza del Señor, mi espíritu festeja a Dios mi salvador, porque se ha fijado en la humildad de su esclava y en adelante me felicitarán todas las generaciones. Porque el Poderoso ha hecho proezas, su nombre es sagrado. Su misericordia con sus fieles continúa de generación en generación. Su poder se ejerce con su brazo, desbarata a los soberbios en sus planes, derriba del trono a los potentados y ensalza a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos. Socorre a Israel, su siervo, recordando la lealtad, prometida a nuestros antepasados, a favor de Abrahán y su linaje por siempre. (Lc. 1, 46-55).



Oración: La mejor parte

Muchas veces, la velocidad del día a día nos llena nuestra razón y nuestro corazón de quehaceres banales y sin importancia, que con nuestro permiso se disfrazan de importantes y fundamentales para nuestras vidas. Pero estas "urgencias", si las pasamos por el prisma de la mirada de Dios, se evaporan como el agua; y es entonces cuando se nos revelan las cosas sólidas que permanecen, las cosas que realmente son importantes; y la fundamental para un cristiano es la de estar a la escucha de la Palabra de Dios.



Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lc. 10, 41-42).



Oración: El amor en la familia

El Papa Francisco a través de la Exhortación Apostólica “Amoris laetitia” nos invita a “contemplar a Cristo vivo y presente en tantas historias de amor” (AL 59) y ello bajo el lema “se trata de integrar a todos”. Por ello, aceptamos esa invitación y proponemos rezar desde el amor que Dios derrocha en tantas y tantas historias familiares. 

Miramos con ternura, con la mirada amorosa de Dios a hermanos nuestros en situación de especial dificultad, madres adolescentes, niños sin padres, mujeres solas que llevan adelante la educación de sus hijos, personas con discapacidad, jóvenes que luchan contra la adicción, solteros, separados, viudos que sufren soledad, ancianos y enfermos… personas que quizá vivan muy cerca de nosotros o incluso pertenezcan a nuestra propia familia. 


El camino de la Iglesia “es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y el de la integración (…) El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero (…) Porque la caridad verdadera siempre es inmerecida, incondicional y gratuita” “Nadie puede ser condenado para siempre porque esa no es la lógica del Evangelio” (Amoris Laetitia 296-297).




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Oración: La profundidad de la Consolación

La vivencia de la cruz y muerte de Jesús provoca una gran tristeza y desamparo. Los apóstoles vivieron estos sentimientos en primera persona y se quedaron paralizados, con dudas y desesperanza. Pero tras la Resurrección, las apariciones de Jesús facilitaron el encuentro personal, y fue gracias a esos encuentros cuando se fue transformando el interior de los apóstoles para ver las cosas de forma distinta, para dejar el miedo y alcanzar el valor. La presencia de Jesús resucitado les iluminó para comprender el sentido de lo ocurrido y, sobre todo, les consoló con serena alegría. 

San Ignacio nos ayuda a prepararnos para reconocer esos momentos de consolación y nos explica que en consolación “mi alma se llena de amor a su Creador y Señor”, y cuando experimento que “Dios es el centro y todo uno” y “todo mi ser se llena de esa presencia de Dios que lo colma todo y encuentro en Él mi razón de ser”. En ese momento de consolación, de presencia de Dios en mi vida, “nada puede ser vivido, entendido, amado, gozado sino sólo Dios”.


Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: Paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. (Jn. 20, 19-20).




Oración: La Pasión desde la historia de Judas

Voy a ir contemplando en esta oración como Jesús miraba a Judas e imaginar los sentimientos y pensamientos que pudieron surgirle en los últimos días de convivencia con Jesús. Le pido con total confianza al Señor que acoja este momento de oración.

A las alturas de la Última Cena, Judas ya se había desencantado de Jesús: el reconocimiento social iba decreciendo, su “posición” entre los discípulos no destacaba, y sus promesas de Reino no llegaban nunca. ¿Y si estaba él perdiendo el tiempo con Jesús? ¿Y si todo era un sueño? ¿Iba a malgastar su vida por alguien (Jesús) que ya la estaba empezando a perder? Todas estas dudas se fueron apoderando de su corazón… hasta el punto que Juan sentencia rotundamente que “era de noche” en su alma.


“Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce: y se fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del modo de entregarles a Jesús. Ellos se alegraron y quedaron con él en darle dinero. El aceptó y andaba buscando una oportunidad para entregarle sin que la gente lo advirtiera” (Lc. 22, 3-6).



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Encuentro con el Padre

Siguiendo el camino de la Cuaresma, invitamos a rezar ahondando nuestra faceta misericordiosa dentro del contexto de la lectura del profeta Joel que abría este tiempo de Cuaresma: "rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del castigo" (Jl. 2, 13).

Una de las lecturas que nos ayuda a orar la misericordia de Dios es la parábola del "Hijo pródigo" o también llamada del "Padre misericordioso", ya que nos muestra las entrañas de misericordia de nuestro Padre. Aunque muchas veces nos hayamos puesto en el lugar del hijo menor, hoy te invitamos a ponerte también en el lugar del Padre y así poder meditar las actitudes que encuentro en Él y pueden ser modelo para mi vida.


Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo al padre: Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde. Él les repartió los bienes. 
A los pocos días, el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde derrochó su fortuna viviendo como un libertino. Cuando gastó todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad. Fue y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus campos a cuidar cerdos. Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. 
Entonces recapacitando pensó: ---A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de hambre. Me pondré en camino a casa de mi padre y le diré: He pecado contra Dios y te he ofendido; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros. Y se puso en camino a casa de su padre. 
Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó. El hijo le dijo: ---Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo tuyo. 
Pero el padre dijo a sus criados: ---Enseguida, traed el mejor vestido y vestidlo; ponedle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traed el ternero cebado y matadlo. Celebremos un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado. Y empezaron la fiesta. 
El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas y llamó a uno de los criados para informarse de lo que pasaba. Le contestó: ---Es que ha regresado tu hermano y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado sano y salvo. Irritado, se negaba a entrar.
Su padre salió a rogarle que entrara. Pero él respondió a su padre: ---Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. Pero, cuando ha llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para él el ternero cebado. 
Le contestó: ---Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado. (Lc. 15, 11-32).

Son muchas las reflexiones que podemos encontrar en esta parábola, pero pondremos un énfasis especial en tres.
Por un lado, la importancia del encuentro por encima de los motivos. Parece que la parábola pone el acento en el hecho de que el hijo vuelve al encuentro, no en que vuelva para deshacer el agravio cometido; pues desea volver debido a su precaria situación personal y al descubrimiento de las carencias que tiene en su vida.
Por otro, la aparente indiferencia de Dios ante el pecado de su hijo. Pues encontramos a un Padre que espera sin pedir justificación; abraza sin preguntar; y hasta parece ignorar las razones que da su hijo.
Y por último, la alegría. Una alegría desmedida, que hasta puede ser entendida como injusta ante el razonamiento totalmente humano, lógico y hasta justo del hermano mayor. Pero una alegría, al fin y al cabo que está por encima de los impedimentos, y que restaura y rehabilita a quien se sintió en pecado.

Puedo traer a la memoria y al corazón si encuentro en mi vida algo que me haga alejarme del Padre o que me dificulte su abrazo ¿Le puedo poner nombre concreto? También puedo buscar las ocasiones en las que en mi vida me he sentido perdonado, abrazado, reconciliado y recordar los sentimientos que se han producido en mí.
Me puedo imaginar la escena del encuentro y puedo preguntarme si en mí hay un anhelo del beso y abrazo de Dios. Recuerdo que la predisposición de Dios es estar oteando el horizonte, es desear ese encuentro, es no pedir explicaciones, es rehabilitar y provocar alegría en el corazón del hijo perdido.

Oración: ¡Atención! la vida no depende de los bienes

En el marco de la Cuaresma, proponemos orar poniendo el corazón en la administración de bienes y en mi capacidad para invertirles. Jesús me avisa que la dinámica de la vida me puede llevar a pasar por alto las cosas que para Dios son verdaderamente importantes, priorizando en cambio otras más temporales, materiales, superficiales. Y me invita a poner mi fe y confianza en Él, por encima de otras seguridades, a la hora de gestionar mis recursos.


Y les dijo: ¡Atención! ¡Guardaos de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes! Y les propuso una parábola: Las tierras de un hombre dieron una gran cosecha. Él se dijo: ¿qué haré, que no tengo dónde guardar toda la cosecha? Y dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes. Después me diré: Querido, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come, bebe y disfruta. Pero Dios le dijo: ¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será? Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios. (Lc. 12, 15-22).



Oración: Examen ignaciano

El examen ignaciano es una buena herramienta para poder llegar a ser "contemplativos en la acción", es decir para buscar y encontrar a Dios en todas las cosas, y acercarnos un poco más al ideal de "en todo amar y servir". No es un examen de conciencia al uso, ni se trata de ver únicamente mis pecados, sino de revisar cada día con Él, para descubrir dónde y cómo se ha hecho presente, y cómo me invita a seguirle más y mejor en lo concreto de mi vida. 


Señor, Tú me conoces mejor 
de lo que yo me conozco a mí mismo.
Tu Espíritu empapa 
todos los momentos de mi vida.

Gracias por tu gracia y por tu amor 
que derramas sobre mí.
Gracias por tu constante y suave invitación 
a que te deje entrar en mi vida.

Perdóname por las veces que he rehusado tu invitación,
y me he encerrado lejos de tu amor.

Ayúdame a que en este día venidero 
reconozca tu presencia en mi vida,
para que me abra a Ti.
Para que Tú obres en mí,
para tu mayor gloria.

Amén.
(San Ignacio de Loyola).



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Oración: Cuidando la Creación

Cuando hablamos de ecología, los pensamientos, los sentimientos que despierta en nosotros este concepto pueden ser muy diversos. Indiferencia, “es un problema de otros”, “es un tema de ecologistas y radicales…" puede que consideremos que no haya problema, o por el contrario que ya no haya solución. Puede que en nosotros algo se movilice y nos impulse a transformar, puede que lo veamos como un problema que deben solucionar otros, o quizá sintamos que hay otros problemas más urgentes… Somos distintos y tenemos distintas sensibilidades… 


“…El compromiso por cuidar la Creación, la naturaleza, no es un tema secundario en la vida y en la misión de la Iglesia, sino que forma parte integral de su tarea de colaborar con Dios en hacer que toda la Creación -el ser humano y todas las demás criaturas- tengan vida en abundancia y caminen hacia la plenitud…” (Audiencia general de 5 de junio de 2013, Papa Francisco).



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El desafío de la Cuaresma

Todos los años se presenta ante nosotros la Cuaresma, que a pesar de ser un período que se repite cíclicamente año a año, tiene la capacidad de ofrecer frescura y novedad curso tras curso. Quizás sea porque su sentido profundo es el de ser una oportunidad, un desafío, un reto.

Al igual que sucede en la vida, puede haber diferentes formas de vivir y superar los desafíos. Serán mi momento presente, mi voluntad, mis deseos... las que me ayuden a tomar una u otra actitud. Con la Cuaresma, puedo tomar diferentes actitudes: dejar que suceda sin involucrarme, dejando pasar los días; centrarme en la queja, en lo incómodo, en lo que no "me encaja"; estancarme en esa actitud crítica hacia mí mismo o hacia lo que me incomoda; intentar aprovechar las propuestas que lanza la Cuaresma; vivirlo como un período de gracia...

Proponemos orar con la primera lectura del miércoles de ceniza. Y cómo en ella podemos ir contemplando cómo es Dios, observando los verbos y adjetivos que nos hablan de él y cómo toda la profecía de Joel nos remite al amor y al perdón de Dios. A pesar de la duda, la pequeñez, la necesidad de conversión de sus hijos, su respuesta va siempre unida a la misericordia.

De esta manera, el desafío puede ser ayudarse del ayuno, la limosna, la oración para profundizar en la propuesta de Dios en cuaresma: rasgar el corazón, sacudirle de lo que impide crecer y sentir más cercano ese abrazo misericordioso del Padre. Puedo pensar también en las veces que me he sentido perdonado, que he notado más de cerca esa misericordia de Dios y cómo se ha ensanchado mi corazón.


AHORA —oráculo del Señor—,
convertíos a mí de todo corazón,
con ayunos, llantos y lamentos;
rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos,
y convertíos al Señor vuestro Dios,
un Dios compasivo y misericordioso,
lento a la cólera y rico en amor,
que se arrepiente del castigo.
¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá
dejando tras de sí la bendición,
ofrenda y libación
para el Señor, vuestro Dios!
Tocad la trompeta en Sion,
proclamad un ayuno santo,
convocad a la asamblea,
reunid a la gente,
santificad a la comunidad,
llamad a los ancianos;
congregad a los muchachos
y a los niños de pecho;
salga el esposo de la alcoba
y la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar
lloren los sacerdotes,
servidores del Señor,
y digan:
«Ten compasión de tu pueblo, Señor;
no entregues tu heredad al oprobio
ni a las burlas de los pueblos».
¿Por qué van a decir las gentes:
«Dónde está su Dios»?
Entonces se encendió
el celo de Dios por su tierra
y perdonó a su pueblo. (Jl. 2, 12-18).

Oración: María guardaba todo en su corazón

El corazón es el motor de todo, sin el corazón no se vive, no se siente... Muchas veces hemos usado expresiones como “te quiero de corazón”, “con el corazón en la mano”, “me ha tocado el corazón”, “te quiero con todo mi corazón”... y es que María pone todo su ser, su memoria, su emoción, su entendimiento, su poseer, su intuición, su sabiduría, su sencillez y su inteligencia. Con gran ternura, desde que su hijo acababa de nacer y hasta el último momento, guardaba dentro de sí lo fundamental.


Por las fiestas de Pascua iban sus padres todos los años a Jerusalén. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según costumbre. Al terminar ésta, mientras ellos se volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos. Al no encontrarlo, regresaron a buscarlo a Jerusalén. Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándoles y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban atónitos ante su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, se quedaron desconcertados, y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. Él replicó: -¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre? Ellos no entendieron lo que les dijo. Regresó con ellos, fue a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. (Jn. 2, 42-51).



Enamorados

Más allá de un sentimiento por una persona determinada, estar enamorado puede llegar a ser un estilo de vida; una forma de responder a las llamadas, los retos, las aspiraciones que la vida va poniendo por delante. Un vivir poniendo al amor como algo prioritario.



Puede resultar difícil ir navegando por la vida entre los océanos del corformismo, la comodidad y el egoísmo; los mares del reconocimiento público, la envidia, la ofensa; entre las aguas bravas de la rutina, el hastío, la soledad...; una singladura en el que puedo ceder parte de lo mío, de lo que soy; el arriesgar parte, o todo en aguas desconocidas. Sin embargo, en la brújula, siempre el amor.

«El amor es paciente, es amable, no es envidioso ni fanfarrón, no es orgulloso ni destemplado, no busca su interés, no se irrita, no apunta las ofensas, no se alegra de la injusticia, se alegra de la verdad. Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1Cor. 13, 4-7).

Quizás puedo preguntarme ¿cómo soy de enamorado en la vida? ¿Qué/quién/quienes me apasionan? ¿Cómo voy viviendo las pequeñas o grandes opciones de mi vida?, ¿las vivo desde el amor? También puedo descubrir el amor que va apareciendo en mi vida, entretejido en lo cotidiano, o que me va empujando en situaciones concretas.

Envíanos locos

¡Oh, Dios! Envíanos locos,
de los que se comprometen a fondo,
de los que se olvidan de sí mismos,
de los que aman
con algo más que con palabras,
de los que entregan
su vida de verdad y hasta el fin.
Danos locos,
chiflados,
apasionados,
hombres capaces
de dar el salto hacia la inseguridad,
hacia la incertidumbre
sorprendente de la pobreza;
danos locos,
que acepten diluirse en la masa
sin pretensiones de erigirse un escabel,
que no utilicen
su superioridad en su provecho.
Danos locos,
locos del presente,
enamorados de una forma de vida sencilla,
liberadores eficientes del proletariado,
amantes de la paz,
puros de conciencia,
resueltos a nunca traicionar,
capaces de aceptar cualquier tarea,
de acudir donde sea,
libres y obedientes,
espontáneos y tenaces,
dulces y fuertes.

Danos locos, Señor, danos locos.

Louis Joseph Lebret

Oración: Dios ama a todos sus hijos


El Dios del que nos habla Jesús es un Dios que no conoce otra forma de relacionarse con sus hijos que no sea desde el amor. Es un padre que no premia a los buenos y castiga a los malos, sino que nos da a todos un amor desbordante. Es un amor que no excluye a nadie, creyentes y no creyentes, buenos y malos….

Lo que nos propone no es una doctrina ni una ley, es una invitación personal para optar por algo que realmente merece la pena. Cuando sentimos su amor incondicional, aún en las ocasiones que hemos metido la pata hasta el fondo y experimentamos su perdón, es cuando desde ahí, desde allí abajo, desde nuestro pecado y debilidad, desde donde nos da toda su confianza, a sabiendas de que somos débiles y pecadores, o quizá por eso mismo, porque hemos experimentado que nosotros no somos los protagonistas, que no somos el ombligo del mundo y entonces no hay mayor alegría porque percibimos que nuestra vida y nuestro proyecto encaja con algo realmente grande y bueno y que no tiene sentido disimular, porque el Señor nos conoce y no podemos hacer otra cosa que ponernos manos a la obra, junto con nuestros hermanos compañeros de camino.



Dios perdonó mi debilidad:
porque es eterno su amor.
Y me liberó de la oscuridad:
porque es eterno su amor.
Con mano poderosa, con brazo fuerte:
porque es eterno su amor.
Dios me ofrece su gracia:
porque es eterno su amor.
Dios creó en mí una nueva esperanza: 
porque es eterno su amor.
Y me llamó a una nueva vida:
porque es eterno su amor.
(Del Salmo 136).



Oración: Venid conmigo


Si miramos a nuestro alrededor, con frecuencia observamos a personas que nos llaman la atención por su entrega, por su disponibilidad y atención a los demás. El médico que trata con paciencia y profesionalidad a su paciente, aunque a veces él mismo esté enfermo; el sacerdote que escucha, dando de su tiempo y de su persona, a quien lo necesita, creando una esperanza; la enfermera que atiende solícita y cuidadosa al moribundo, dándole el convencimiento de que es importante y valioso; el catequista que cuenta la historia de cada uno de sus chavales, los cuales siguen confiando en él como en alguien que es mucho más que amigo; el padre o la madre que piensan sobre todo en sus hijos cada día al levantarse y al acostarse, que llevan sus nombres grabados en el corazón…


Porque estamos creados para dar amor y recibirlo, para ser felices amando. Nuestra vida tiene un objetivo, alguien ha pensado en nosotros antes de que existiéramos y existimos porque nos ha querido.



El Señor me dijo: Tú eres mi siervo -Israel-, de quien estoy orgulloso. Y ahora habla el Señor, que ya en el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. (Is. 49, 3. 5-6).



Refugio

No faltan en nuestros telediarios, como una rutina machacona, noticias sobre nuestras fronteras. Parecen cifras, parecen números. Y sin embargo, son personas, con toda una historia cargada a sus espaldas. Son miles de personas las que se agolpan, huyendo de situaciones violentas, injustas, infrahumanas, en busca de unas condiciones de vida dignas y justas. En busca de refugio.


En nuestra vida cotidiana seguramente también tengamos cerca realidades, situaciones, personas en busca de cierto refugio. Quizás nosotros mismos hayamos pasado alguna vez por alguna situación semejante de sentirnos desamparados, impotentes, desesperanzados... en busca de un refugio, seguridad, esperanza, certezas, valentía...

Proponemos orar con el ser y sentirse refugiado. Desde mi propia realidad, con mi vida, mi historia, mi forma de ser concreta. Contemplar esta situación, quizás como refugiado que busca refugio, quizás como quien recibe u ofrece refugio a quien lo necesita. Con la certeza de la misericordia de un Dios siempre dispuesto a dar refugio (Sal. 62).


REFUGIO 
Álvaro Fraile | De lluvia y de sol

Hasta aquí hemos llegado.
Dame la mano, es un paraíso,
descálzate, estás cansado…
Mira parece que hay un sitio.

Y ya has andado suficiente,
deja que ahora empuje el aire.
Rompe con todo, sé valiente,
ven cerca que pueda abrazarte.

Que yo estaré contigo siempre,
yo estaré contigo siempre…

No tengas miedo, duele el alma,
pero vendrá un tiempo nuevo,
otra bandera, otra esperanza,
tan sólo hay que encontrar el hueco.

Y que se cuele tu mirada
en los que pintan todo negro.
Tú eres la voz de los que no hablan
porque alguien los cubrió de miedo.

Y yo estaré contigo siempre,
que yo iré contigo siempre…
Mi palabra será tu refugio,
no eches de menos tu casa:
Ve con lo puesto, ve desnudo,
tuyo es el aire y el agua.

Aquí refugio, aquí sobra sitio.
abrigo, calor y silencio.
No pasaremos nunca más frío,
no pasaremos más miedo…

Y yo estaré contigo siempre
¡juro que estaré contigo siempre!



Oración: Por la unidad de los cristianos


Oramos junto con la iglesia universal en esta semana de oración por la Unidad de los Cristianos. Como cristianos, somos seguidores de Cristo, Jesús es la cabeza que dirige y guía a ese cuerpo del que formamos parte, y nadie es más que nadie, todos somos en nuestra pequeña o gran medida fundamentales para este cuerpo que debemos ser los cristianos, en pos del Reino.


Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. (I Cor. 12, 12-14).



Oración: Te doy gracias Señor, en todo lo mío intervienes


¡Cuántas situaciones vivimos cada día por las que podemos decir: GRACIAS, DIOS! Nuestra condición humana se inclina con frecuencia a la queja, a la crítica, a ver el lado más negro de la realidad. Hoy queremos traer a tu presencia todo aquello por lo que podemos estar y ser agradecidos, todo aquello que tú Señor nos ofreces por ser tus hijos, para que nuestra vida sea más plena. Gracias porque hoy nos podemos reunir a rezar juntos aquí y expresar nuestra Fe con libertad con ayuda del Salmo 136


Te doy gracias, Señor, 
porque eres bueno,
porque es constante y eterno 
tu amor conmigo.
Te doy gracias, Señor, 
Dios de todo,
porque en todo lo mío 
Tú intervienes,
porque es constante y eterno 
tu amor conmigo.
(Sal. 136).